viernes, 10 de junio de 2016

EL GATO MUERTO.

El mundo se llena de voces y despierto de golpe, voces extrañamente familiares que hablan entre ellos sin percatarse de mi presencia, la gata que ha hecho costumbre meterse a hurtadillas a mi habitación para dormir conmigo se levanta de golpe y sale corriendo, espantada. Me siento y miro alrededor, intentando enfocar, queriendo determinar de dónde vienen las voces, después de unos segundos comienza a desaparecer la niebla de mi mente e identifico el noticiero de la mañana sonando a todo volumen del estéreo que llevo usando de despertador desde hace unos días, todos ellos nos ha espantado a mí y a la gata.

Me levanto en dirección a la cocina y me preparo un café, mientras la gata maúlla entre mis piernas y se restriega llamando mi atención, también ha tomado por costumbre pedirme comida y yo he colocado un bote con croquetas junto a la cafetera, le sirvo de desayunar mientras le rasco detrás de las orejas, mi café está listo. A partir del primer sorbo mis acciones se aceleran y sólo veo fragmentos, la regadera, el cepillo de dientes, las agujetas de los zapatos, las llaves de la casa y de pronto estoy en la calle.

Camino en dirección al transporte público, suplicando irónicamente a aquellos dioses imaginarios que no haya demasiado tráfico, doblo la esquina y mi nariz lo ve antes que mis ojos.

UN GATO MUERTO.

El olor dulzón de la carne empezando a corromperse inunda mi cavidad nasal y me marea, puedo ver la herida en su abdomen, ¿Causa de muerte o post mortem? Difícil saberlo, pero está sobre la banqueta, seguramente ahí murió, pobrecillo. El gato se queda en mi mente varios minutos durante mi viaje y luego me olvido de él.

Una vez más, estéreo, gata, comida, café, baño, dientes, zapatos, llaves, calle, esquina… El gato sigue ahí, el olor se ha intensificado, las moscas lo rondan como deudos, sus zumbidos como quejidos fúnebres, al pasar, los dolientes se agarran a mis ropas y mi carne, clamando piedad, rogando por funerales para los restos del muerto, pero yo llevo prisa, sigo mi camino, agitando los brazos para librarme de su agarre, en su desesperación uno de ellos me ha dejado una roncha en el brazo, por lo bajo los maldigo a todos y sigo mi camino, rápidamente olvido el perturbador velorio, pero la roncha se ha vuelto un recordatorio irritante que al poco rasco de forma mecánica.

Estéreo, gata, comida, café, baño, dientes, zapatos, llaves, calle, esquina… El olor me marea y anega mis ojos, pero no veo al gato, hasta que paso mi brazo por el rostro para secarlo y está ahí, cubierto de cal pero libre de moscas

El gato sigue ahí, muerto, rígido, la cabeza casi desaparece, pues la podredumbre ha hecho que colapse sobre sí misma, desfigurando los rasgos y haciendo que parezca plano completamente, el olor sigue ahí penetrante, me enfermé hace unos días, sin saber que lo había provocado, probablemente fueron los humos putrefactos, que se desprenden del gato, probablemente haya sido el roce de la muerte que custodia su cuerpo esperando que le den entierro.

Me preguntó quién le habrá echado cal encima, porque si se tomó la molestia de echarle cal, no retiró el cadáver… ¿Se le llama cadáver a los animales también? ¿Por qué no habló a la delegación para que se lo lleven? Voy a tener que hacerlo yo.

Estéreo, gata, comida, café, baño, dientes, zapatos, llaves, calle, esquina… Antes de verlo, recuerdo que está ahí y bajo de la banqueta para evitarlo, pero puedo olerlo, muy suave ya que estoy alejado, nadie ha llamado aún para que se lo lleven, esto es ridículo, iba a hacerlo yo, pero me olvidé, debo recordarlo.

Estéreo, gata… La gata no está conmigo, no hay ronroneo insistente, la llamo, no responde, mi café comienza a enfriarse, le sirvo el desayuno por si aparece más tarde con hambre, mi café está frío, lo pongo a un lado, a falta de café mis acciones desaceleran, el agua de la regadera está fría pues olvidé encender el calentador, la pasta de dientes se cae del cepillo y termino tallándolos en seco, las agujetas de un zapato se rompe y escondo la otra bajo la lengüeta esperando no matarme en el camino, estoy en la calle y me doy cuenta que he olvidado las llaves de la casa… Es demasiado tarde para hacer nada, así que camino por la calle, doblo la esquina y piso al gato muerto.

Una masa chiclosa se escurre fuera del cuerpo, los últimos jugos viscosos que quedaban dentro de él, la peste aumenta, las moscas entran en frenesí al detectar el aroma de la mierda y la sangre y rezumban a mí alrededor, mis brazos se llenan de pústulas y verdugones por las mordidas enloquecidas de las moscas. Me acuerdo de la gata que se duerme conmigo, la gata con su bote de croquetas junto a la cafetera, la gata que maúlla y se  retuerce entre mis piernas…

Estéreo… Me levanto y busco a la gata, sigue sin aparecer, llego a la cocina y mientras se prepara el café la llamo, voy a buscar la comida y la encuentro intacta, no ha venido a comer, mientras tomo mi café me pregunto dónde puede estar, hasta que el olor a sangre me saca del estupor, alarmado, me doy cuenta que me he estado rascando los brazos hasta abrir un par de ronchas que ahora resuman sangre, maldigo por lo bajo y dejo el café sin terminar, me meto a bañar y limpio mis brazos con alcohol, me pongo una bandita en cada una de ellas y noto que es tarde, me salgo sin lavarme los dientes y vuelvo a dejar la puerta abierta.

No puedo dejar de maldecir a aquella gata que se ha llevado mi tranquilidad, pensando también en aquel gato muerto que lleva una semana pudriéndose a la vuelta de la esquina, tal vez ese gato tenía un amigo, tal vez dormía con alguien y al despertar lo acompañaba a la cocina para pedir croquetas, tal vez maullaba, ronroneaba y se restregaba en sus piernas, tal vez él lleva una semana sin lavarse los dientes y con las agujetas rotas, mientras ese gato sigue ahí, pudriéndose y nadie ha hecho nada para llevárselo o darle un entierro digno.


Las pesadillas me despiertan mucho antes que el estéreo y aun así dejo el café casi lleno y me salgo sin bañar, sin lavarme los dientes, con la agujeta del otro zapato rota, llego a la esquina y veo que están arreglando la calle, seguramente ya se llevaron al gato, hay un trabajador acomodando unas cosas junto al gato muerto, parece no verlo, aunque claramente puedo verlo alejarse lo más pronto posible de la peste, apenas mirando al gato muerto, las moscas han regresado una vez más, para acabar con el botín, una capa de piel delgada que desprende pelo cuando la toca el viento y un olor a podredumbre que se ha asentado en la piedra, suelto una lágrima solitaria, mi gata está muerta en la calle y nadie ha llamado para que se la lleven, nadie se ha molestado en enterrarla.

miércoles, 8 de junio de 2016

DEJEMOS EL PITO A UN LADO.

En 1976 Peter Finch incitaba al pueblo a levantarse de su asiento, asomarse a la ventana y gritar “I´m mad as hell, and i´m not going to take this anymore” (“Estoy que me lleva el diablo y no pienso soportarlo más”) esta escena de la película “Network” aunque conmovedora, refleja el nivel de compromiso que tiene la gente ante la desgracia propia, ya no digamos la ajena, todos gritan desde sus ventanas, porque todos sienten esa frustración, inseguridad, violencia, depresión, pero no hacen nada, más que gritar desde la ventana cuando un hombre a través de la televisión se los pide, es por eso que me parece poca cosa la nueva propuesta del jefe de gobierno, por eso y algunas cosas más.

Dicen que la campaña para desprestigiar el pito de Mancera es misógina, yo no podía creerlo, creía haber escuchado mal, no sería que es misógino pensar que puedes solucionar el terrible problema de acoso con un silbato en un país en el que la gente pasa de largo sin ver al conciudadano siendo asesinado a su lado, un país donde el problema de la violencia es sólo un síntoma de un problema más profundo, el de la impunidad, el del miedo a la denuncia porque las autoridades no dan respuesta, un país en el que una mujer que denuncia una agresión sexual (Aunque en su desesperación se haya equivocado el señalar a un inocente sin pruebas) recibe cientos de amenazas, que la fuerzan a abandonar el país al no sentirse segura, aún siendo una periodista.*

La mayoría de las mujeres no denuncian por dos razones principales, la re victimización por parte de las autoridades (dónde incluimos la vergüenza y la idea de culpa) que deriva en pérdida de tiempo y la habituación (A falta de un término mejor) a la violencia, cómo el caso que escuché hace poco en un programa de radio donde a una modelo le preguntaron sobre el acoso y comentó “Es natural y ni modo, te toca” hace pensar que hay pasos más fundamentales que un señalador de culpables.

Aún así, en los primeros 30 días de la estrategia 30/100 se reportaron 225 casos de acoso sexual, lo cual quiere decir que las medidas que se están tomando entre las cuales se encuentran: Una mayor cantidad de mujeres policía en el transporte público, aumento del número de vagones exclusivos, recuperación de las áreas aledañas a las estaciones del metro para que no estén desoladas y las campañas para incitar la denuncia han tenido un impacto en la población.

Pero seamos honestos, la obsesiva necesidad del jefe de gobierno lo hace salir como cara del programa, aún teniendo en su gabinete figuras en pro de la equidad como Patricia Mercado que daría un discurso más potente en el empoderamiento de la mujer y las medidas que se están tomando, además de hacer protagonista el silbato, lo cual desembocó en la miríada de burlas y memes en las redes sociales, encabezados por el “Pito de Mancera” y el hecho de que este fuera de la renombrada marca “Acme” que siempre resulta inefectivo y contraproducente para el pobre Coyote.

Lo cual es una verdadera tragedia, pues ha distraído nuestra atención del tema central que es la violencia de género y el acoso, para enfocarla en la “Ineptitud” de Mancera que parece delegar a terceros el combate a la agresión que debería caer en manos de la autoridad, al final me parece que resulta en un acercamiento erróneo de generar conciencia e involucrar a los ciudadanos.

Sólo espero que el millón de pesos de inversión para los 10 mil silbatos no sean en balde, ya que para adquirirlo hay que registrarse en Alerta social para pedirlo, lo cuál puede ser un inconveniente para algunas, pero yo los insto de cualquier forma, hombres y mujeres, regístrense, soliciten su silbato, agotemos los 10,000 silbatos, demostremos que aunque inconformes con las medidas que está tomando el gobierno, estamos dispuestos a trabajar con la autoridad, demostremos que se necesitan más que 10,000 silbatos para detener el acoso y la violencia, pero estamos dispuestos a participar y a colaborar y dejemos de estar en contra de la autoridad para acabar con la violencia juntos.

Mis otras personalidades dicen:


  • Alejandro Córdova Castañeda, asesor en salud mental de la Secretaria de Salud de la CDMX, dice que la mayoría de los agresores sufren de Trastorno disocial de la personalidad, conocida como sociopática o antisocial, mientras que esto no los exime de la falta, si me parece importante que la autoridad tome en cuenta quiénes son los que tienen este comportamiento para aprender también a prevenir.
  • Los silbatos rosa son para mujeres, no, los negros, los rosa son para los hombres… Ese no es el tema, concéntrense.
  • Los jefes de gobierno (Alcaldes) deben dejar de pensar en la grande y enfocarse en gobernar, hay una iniciativa para hacer que un puesto te prive del otro, habría que ponerle más atención.



*El autor quiere aclarar que la expresión refiere al hecho de que teniendo los medios para hacerse ver y escuchar confiere seguridad.