viernes, 15 de abril de 2016

EL DÍA QUE “CASI” MATÉ AL GATO.

Otra vez se fue la señal de internet, y no puedo si no maldecir a todas voces a Bastet y sus vástagos, ya que en mi furia decido que es su culpa que el gato que vive en el piso superior mastique las antenas del módem arruinando la señal.

No es cómo si no hubiera nada que hacer, sólo que no es nada que este en mi poder inmediato, ambos pisos de la casa se encuentran divididos por una puerta, en la parte de arriba mi roomie tiene sus aposentos, yo duermo en el piso de abajo. El gato como podrán adivinar es de ellos y siempre ha disfrutado el tenderse sobre el calor que emite el dispositivo que nos abastece de Wi-Fi, y en su sopor erótico mastica las antenas.

No recuerdo las medidas que se han utilizado para prevenir esto, pero no han sido suficientes, construir una jaula dentro de la cual preservar la caja mágica (A partir de este punto usaré una serie de figuras literarias para evitar repetir el nombre del dispositivo) podría parecer excesivo, pero por poco, ya que ambos usamos internet para trabajar, pero es en mi corazón donde repito a cada momento, no vale la pena preservar la vida de un aparato que desfallecerá en cualquier momento.

Reemplazarlo se ha convertido en materia de debate, ya que el precio es exorbitante (Ni siquiera recuerdo cuanto, pero en mis difusos recuerdos, el eco de la palabra exorbitante perdura) pero tampoco podemos continuar así ya que de un momento a otro podemos encontrar que nos hemos quedado sin internet para siempre y ese reemplazo del CCI (Centro de control de la información) se volverá urgente.

Desde hace semanas nos hemos acostumbrado a una señal de pésima calidad que vuelve irrelevante la velocidad que adquirimos en promoción; al suscribirnos “Con tarjeta de crédito de los bancos participantes y llevando el contrato de nuestro servicio anterior”; Denme un tono de fax y son los 90´s otra vez.

Se llama a la acción, en este momento lo único que se me ocurre es matar al gato, honestamente, tiene cinco. Es una boca menos que alimentar; si le quitamos su mordedera pronto encontrará una nueva, bien podría ser su flamante pantalla de 99”, eso no le gustaría y el gato moriría de cualquier manera, pero la pantalla ya estaría arruinada, si lo mato yo ahora nos evitamos esa pena… Sí, el gato debe morir.

Lo cuál también representa un problema, la puerta que divide ambas plantas está cerrada y el sopor embarga a los habitantes de arriba, no puedo despertarlos para que me dejen pasar a asesinar a su gato, no me dejarían, así que me asomo a las ventanas, encuentro una ventana abierta en el piso de arriba, podría escalar vestido de negro, amparado por la oscuridad, deslizarme suavemente hacia el gato acostado sobre nuestra provisión de Bytes incorpóreos… Estirar mis manos hacia él… Y de un movimiento rápido…


Antes de cometer una barbaridad reinicio la computadora y el icono de Internet parpadea, estoy conectado nuevamente, el gato ha salvado su vida y yo mañana empezaré a construir una reja para proteger la máquina esa que me incita a matar.

martes, 12 de abril de 2016

CERVEZA DE MUJER

En 1992, Al Pacino se llevó un Oscar por una película que quiénes saben, dicen es la peor de su carrera, y tal vez tengan razón pues a pesar de que recuerdo con afecto la escena en la que baila con una bella joven al son de “Por una Cabeza”; un tango delicioso que ya quisiera yo poder bailar como él; no recuerdo mucho más, ni siquiera que tiene que ver el título en la trama. “Scent of a Woman” fue traducido en castellano a “Perfume de mujer” y a pesar de ser una figura poética bastante mona, también es motivo de escándalo cuando se toma desde un punto de vista literal, pues para empezar: ¿El aroma de qué mujer estamos hablando? y ya definida “La susodicha”, ¿hablamos del aroma de su sudor agrio después de una sesión de Viking Goliat Spartan Race Power*?, ¿el aroma de sus pies?, ¿el aroma de su sexo? ¡Escándalo! Nadie se refiere a eso, hasta que sí se refieren a eso.

Todo esto tiene sentido al explicar el tema a discusión, “The Order of Yoni” es un proyecto de crowd funding sobre una nueva cerveza sabor a “Vagina” y aquí sí tenemos respuesta al preguntar ¿La vagina de quién? pues resulta que ese novedoso sabor proviene de la modelo checa Alexandra Brendlova, lo cuál me ha hecho pensar qué solos estamos rodeados de tanta gente, por que no se me ocurre otro motivo para envasar el sabor del sexo de una mujer y ponerlo en una cerveza. Pero dejemos el prejuicio a un lado, no sin antes señalar el hecho de que esto debería causar una revolución ya que fácilmente podemos vincular la producción de este producto con la “Cosificación” de la mujer y no diré nada más.

(Vulva Original el “aroma vaginal” envasado ya se comercializa desde hace un tiempo)
Antes de otra cosa, lo primero que debemos hacer es dejar de reír, respirar profundamente y preguntarnos con seriedad ¿Bebería yo esa cerveza? La primer respuesta que surge de mis labios es “no”, después de unos segundos de silencio un trabajoso “sí” se esfuerza por salir, acompañado de un “por curiosidad”, “para que no me cuenten” y una serie de razones que lo único que demuestran es que soy un morboso y a pesar de que la idea me repugna, seguramente no pasaría de la oportunidad únicamente por experiencia. Y quién sabe, tal vez después de probarla por fin sea capaz de cantar bajo contexto y con sentido esa bella canción de la nunca bella Lyn May, que es el epítome de la vulgaridad, la perversión y el gusto excéntrico.

“A mi me gusta lo que te disgusta,
A mi me gusta lo que a ti te asusta…” 

También me gustaría poder contestar: ¿Quién bebería esa cerveza? Y no de forma experimental como un servidor (al momento de publicar esta entrada aún me debato sobre el probarla), si no quién sería el cliente cotidiano de este producto, comercializarla no puede ser sencillo, me cuesta trabajo imaginar a cualquiera de mis amigos bebedores llegando al Oxxo a comprar un 12 pack de cerveza de vagina para la fiesta. Hay gente incapaz de comprar toallas sanitarias en un supermercado, los hay incluso que le roban los condones a sus amigos al ser incapaces de sobreponerse a la vergüenza de comprarlos, ya quisiera verlos pidiendo una cerveza de vagina en la barra de algún bar. Según reza la nota, existe la opción de personalizar la cerveza con el sabor de cierta joven, aunque no veo a muchas mujeres llevando a cabo cualquiera que sea el proceso para saborizar una cerveza para su pareja, tal vez como regalo de 14 de febrero a alguien pueda parecerle gracioso, después de sobrellevar el impacto inicial.

Probablemente en un table pueda ser un éxito, ya que ahí todos saben a que van, pero sería más en calidad de cata, ves una chica que te agrada y pides la cerveza de su sabor y si este te complace… Debo frenar ahí mi tren de pensamiento ya que no parece dirigirse a buen puerto.

Desde que salió la nota, todos los varones con los que me he cruzado han contestado la pregunta con un “deme dos”, en un cariz humorístico, pues al pasar la nube de risa que resulta de lo ridículo de la consideración, todos han coincidido que no lo harían, los más aventurados, después de considerar diferentes escenarios y situaciones han dejado abierta la posibilidad de probarla bajo el manto de la curiosidad.

Hay muchos puntos que podemos abordar a partir de esta nota, pero no lo dignifiquemos más de lo que es, la ocurrencia de un individuo que comercializa con productos sexuales y con el que muchos miembros de la industria de las muñecas eróticas deberían estarse poniendo en contacto ahora mismo.

*El autor nunca en la vida ha hecho una rutina de ejercicios y le gustó como se leía así que lo dejo en lugar de reemplazarlo durante la revisión y corrección.


Mis otras personalidades dicen:

  • Consuelo de tontos: En el proyecto hay cultura pues “Yoni” es sanscrito para vagina. 
  • No me parece que esto fuera lo que tenía en mente Agustín Lara al escribir “Sabor a Mi”
  • Aguas muchachos, ¿Cerveza de vagina? Si eso no es “Toloache” entonces no sé que es.