Otra vez se fue la señal de internet, y
no puedo si no maldecir a todas voces a Bastet y sus vástagos, ya que en mi
furia decido que es su culpa que el gato que vive en el piso superior mastique
las antenas del módem arruinando la señal.
No es cómo si no hubiera nada que hacer,
sólo que no es nada que este en mi poder inmediato, ambos pisos de la casa se
encuentran divididos por una puerta, en la parte de arriba mi roomie tiene sus
aposentos, yo duermo en el piso de abajo. El gato como podrán adivinar es de
ellos y siempre ha disfrutado el tenderse sobre el calor que emite el
dispositivo que nos abastece de Wi-Fi, y en su sopor erótico mastica las
antenas.
No recuerdo las medidas que se han
utilizado para prevenir esto, pero no han sido suficientes, construir una jaula
dentro de la cual preservar la caja mágica (A partir de este punto usaré una
serie de figuras literarias para evitar repetir el nombre del dispositivo)
podría parecer excesivo, pero por poco, ya que ambos usamos internet para
trabajar, pero es en mi corazón donde repito a cada momento, no vale la pena
preservar la vida de un aparato que desfallecerá en cualquier momento.
Reemplazarlo se ha convertido en materia
de debate, ya que el precio es exorbitante (Ni siquiera recuerdo cuanto, pero
en mis difusos recuerdos, el eco de la palabra exorbitante perdura) pero
tampoco podemos continuar así ya que de un momento a otro podemos encontrar que
nos hemos quedado sin internet para siempre y ese reemplazo del CCI (Centro de
control de la información) se volverá urgente.
Desde hace semanas nos hemos acostumbrado
a una señal de pésima calidad que vuelve irrelevante la velocidad que
adquirimos en promoción; al suscribirnos “Con tarjeta de crédito de los bancos
participantes y llevando el contrato de nuestro servicio anterior”; Denme un
tono de fax y son los 90´s otra vez.
Se llama a la acción, en este momento lo
único que se me ocurre es matar al gato, honestamente, tiene cinco. Es una boca
menos que alimentar; si le quitamos su mordedera pronto encontrará una nueva,
bien podría ser su flamante pantalla de 99”, eso no le gustaría y el gato
moriría de cualquier manera, pero la pantalla ya estaría arruinada, si lo mato
yo ahora nos evitamos esa pena… Sí, el gato debe morir.
Lo cuál también representa un problema,
la puerta que divide ambas plantas está cerrada y el sopor embarga a los
habitantes de arriba, no puedo despertarlos para que me dejen pasar a asesinar
a su gato, no me dejarían, así que me asomo a las ventanas, encuentro una
ventana abierta en el piso de arriba, podría escalar vestido de negro, amparado
por la oscuridad, deslizarme suavemente hacia el gato acostado sobre nuestra
provisión de Bytes incorpóreos… Estirar mis manos hacia él… Y de un movimiento
rápido…
Antes de cometer una barbaridad reinicio
la computadora y el icono de Internet parpadea, estoy conectado nuevamente, el
gato ha salvado su vida y yo mañana empezaré a construir una reja para proteger
la máquina esa que me incita a matar.
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