viernes, 10 de junio de 2016

EL GATO MUERTO.

El mundo se llena de voces y despierto de golpe, voces extrañamente familiares que hablan entre ellos sin percatarse de mi presencia, la gata que ha hecho costumbre meterse a hurtadillas a mi habitación para dormir conmigo se levanta de golpe y sale corriendo, espantada. Me siento y miro alrededor, intentando enfocar, queriendo determinar de dónde vienen las voces, después de unos segundos comienza a desaparecer la niebla de mi mente e identifico el noticiero de la mañana sonando a todo volumen del estéreo que llevo usando de despertador desde hace unos días, todos ellos nos ha espantado a mí y a la gata.

Me levanto en dirección a la cocina y me preparo un café, mientras la gata maúlla entre mis piernas y se restriega llamando mi atención, también ha tomado por costumbre pedirme comida y yo he colocado un bote con croquetas junto a la cafetera, le sirvo de desayunar mientras le rasco detrás de las orejas, mi café está listo. A partir del primer sorbo mis acciones se aceleran y sólo veo fragmentos, la regadera, el cepillo de dientes, las agujetas de los zapatos, las llaves de la casa y de pronto estoy en la calle.

Camino en dirección al transporte público, suplicando irónicamente a aquellos dioses imaginarios que no haya demasiado tráfico, doblo la esquina y mi nariz lo ve antes que mis ojos.

UN GATO MUERTO.

El olor dulzón de la carne empezando a corromperse inunda mi cavidad nasal y me marea, puedo ver la herida en su abdomen, ¿Causa de muerte o post mortem? Difícil saberlo, pero está sobre la banqueta, seguramente ahí murió, pobrecillo. El gato se queda en mi mente varios minutos durante mi viaje y luego me olvido de él.

Una vez más, estéreo, gata, comida, café, baño, dientes, zapatos, llaves, calle, esquina… El gato sigue ahí, el olor se ha intensificado, las moscas lo rondan como deudos, sus zumbidos como quejidos fúnebres, al pasar, los dolientes se agarran a mis ropas y mi carne, clamando piedad, rogando por funerales para los restos del muerto, pero yo llevo prisa, sigo mi camino, agitando los brazos para librarme de su agarre, en su desesperación uno de ellos me ha dejado una roncha en el brazo, por lo bajo los maldigo a todos y sigo mi camino, rápidamente olvido el perturbador velorio, pero la roncha se ha vuelto un recordatorio irritante que al poco rasco de forma mecánica.

Estéreo, gata, comida, café, baño, dientes, zapatos, llaves, calle, esquina… El olor me marea y anega mis ojos, pero no veo al gato, hasta que paso mi brazo por el rostro para secarlo y está ahí, cubierto de cal pero libre de moscas

El gato sigue ahí, muerto, rígido, la cabeza casi desaparece, pues la podredumbre ha hecho que colapse sobre sí misma, desfigurando los rasgos y haciendo que parezca plano completamente, el olor sigue ahí penetrante, me enfermé hace unos días, sin saber que lo había provocado, probablemente fueron los humos putrefactos, que se desprenden del gato, probablemente haya sido el roce de la muerte que custodia su cuerpo esperando que le den entierro.

Me preguntó quién le habrá echado cal encima, porque si se tomó la molestia de echarle cal, no retiró el cadáver… ¿Se le llama cadáver a los animales también? ¿Por qué no habló a la delegación para que se lo lleven? Voy a tener que hacerlo yo.

Estéreo, gata, comida, café, baño, dientes, zapatos, llaves, calle, esquina… Antes de verlo, recuerdo que está ahí y bajo de la banqueta para evitarlo, pero puedo olerlo, muy suave ya que estoy alejado, nadie ha llamado aún para que se lo lleven, esto es ridículo, iba a hacerlo yo, pero me olvidé, debo recordarlo.

Estéreo, gata… La gata no está conmigo, no hay ronroneo insistente, la llamo, no responde, mi café comienza a enfriarse, le sirvo el desayuno por si aparece más tarde con hambre, mi café está frío, lo pongo a un lado, a falta de café mis acciones desaceleran, el agua de la regadera está fría pues olvidé encender el calentador, la pasta de dientes se cae del cepillo y termino tallándolos en seco, las agujetas de un zapato se rompe y escondo la otra bajo la lengüeta esperando no matarme en el camino, estoy en la calle y me doy cuenta que he olvidado las llaves de la casa… Es demasiado tarde para hacer nada, así que camino por la calle, doblo la esquina y piso al gato muerto.

Una masa chiclosa se escurre fuera del cuerpo, los últimos jugos viscosos que quedaban dentro de él, la peste aumenta, las moscas entran en frenesí al detectar el aroma de la mierda y la sangre y rezumban a mí alrededor, mis brazos se llenan de pústulas y verdugones por las mordidas enloquecidas de las moscas. Me acuerdo de la gata que se duerme conmigo, la gata con su bote de croquetas junto a la cafetera, la gata que maúlla y se  retuerce entre mis piernas…

Estéreo… Me levanto y busco a la gata, sigue sin aparecer, llego a la cocina y mientras se prepara el café la llamo, voy a buscar la comida y la encuentro intacta, no ha venido a comer, mientras tomo mi café me pregunto dónde puede estar, hasta que el olor a sangre me saca del estupor, alarmado, me doy cuenta que me he estado rascando los brazos hasta abrir un par de ronchas que ahora resuman sangre, maldigo por lo bajo y dejo el café sin terminar, me meto a bañar y limpio mis brazos con alcohol, me pongo una bandita en cada una de ellas y noto que es tarde, me salgo sin lavarme los dientes y vuelvo a dejar la puerta abierta.

No puedo dejar de maldecir a aquella gata que se ha llevado mi tranquilidad, pensando también en aquel gato muerto que lleva una semana pudriéndose a la vuelta de la esquina, tal vez ese gato tenía un amigo, tal vez dormía con alguien y al despertar lo acompañaba a la cocina para pedir croquetas, tal vez maullaba, ronroneaba y se restregaba en sus piernas, tal vez él lleva una semana sin lavarse los dientes y con las agujetas rotas, mientras ese gato sigue ahí, pudriéndose y nadie ha hecho nada para llevárselo o darle un entierro digno.


Las pesadillas me despiertan mucho antes que el estéreo y aun así dejo el café casi lleno y me salgo sin bañar, sin lavarme los dientes, con la agujeta del otro zapato rota, llego a la esquina y veo que están arreglando la calle, seguramente ya se llevaron al gato, hay un trabajador acomodando unas cosas junto al gato muerto, parece no verlo, aunque claramente puedo verlo alejarse lo más pronto posible de la peste, apenas mirando al gato muerto, las moscas han regresado una vez más, para acabar con el botín, una capa de piel delgada que desprende pelo cuando la toca el viento y un olor a podredumbre que se ha asentado en la piedra, suelto una lágrima solitaria, mi gata está muerta en la calle y nadie ha llamado para que se la lleven, nadie se ha molestado en enterrarla.

miércoles, 8 de junio de 2016

DEJEMOS EL PITO A UN LADO.

En 1976 Peter Finch incitaba al pueblo a levantarse de su asiento, asomarse a la ventana y gritar “I´m mad as hell, and i´m not going to take this anymore” (“Estoy que me lleva el diablo y no pienso soportarlo más”) esta escena de la película “Network” aunque conmovedora, refleja el nivel de compromiso que tiene la gente ante la desgracia propia, ya no digamos la ajena, todos gritan desde sus ventanas, porque todos sienten esa frustración, inseguridad, violencia, depresión, pero no hacen nada, más que gritar desde la ventana cuando un hombre a través de la televisión se los pide, es por eso que me parece poca cosa la nueva propuesta del jefe de gobierno, por eso y algunas cosas más.

Dicen que la campaña para desprestigiar el pito de Mancera es misógina, yo no podía creerlo, creía haber escuchado mal, no sería que es misógino pensar que puedes solucionar el terrible problema de acoso con un silbato en un país en el que la gente pasa de largo sin ver al conciudadano siendo asesinado a su lado, un país donde el problema de la violencia es sólo un síntoma de un problema más profundo, el de la impunidad, el del miedo a la denuncia porque las autoridades no dan respuesta, un país en el que una mujer que denuncia una agresión sexual (Aunque en su desesperación se haya equivocado el señalar a un inocente sin pruebas) recibe cientos de amenazas, que la fuerzan a abandonar el país al no sentirse segura, aún siendo una periodista.*

La mayoría de las mujeres no denuncian por dos razones principales, la re victimización por parte de las autoridades (dónde incluimos la vergüenza y la idea de culpa) que deriva en pérdida de tiempo y la habituación (A falta de un término mejor) a la violencia, cómo el caso que escuché hace poco en un programa de radio donde a una modelo le preguntaron sobre el acoso y comentó “Es natural y ni modo, te toca” hace pensar que hay pasos más fundamentales que un señalador de culpables.

Aún así, en los primeros 30 días de la estrategia 30/100 se reportaron 225 casos de acoso sexual, lo cual quiere decir que las medidas que se están tomando entre las cuales se encuentran: Una mayor cantidad de mujeres policía en el transporte público, aumento del número de vagones exclusivos, recuperación de las áreas aledañas a las estaciones del metro para que no estén desoladas y las campañas para incitar la denuncia han tenido un impacto en la población.

Pero seamos honestos, la obsesiva necesidad del jefe de gobierno lo hace salir como cara del programa, aún teniendo en su gabinete figuras en pro de la equidad como Patricia Mercado que daría un discurso más potente en el empoderamiento de la mujer y las medidas que se están tomando, además de hacer protagonista el silbato, lo cual desembocó en la miríada de burlas y memes en las redes sociales, encabezados por el “Pito de Mancera” y el hecho de que este fuera de la renombrada marca “Acme” que siempre resulta inefectivo y contraproducente para el pobre Coyote.

Lo cual es una verdadera tragedia, pues ha distraído nuestra atención del tema central que es la violencia de género y el acoso, para enfocarla en la “Ineptitud” de Mancera que parece delegar a terceros el combate a la agresión que debería caer en manos de la autoridad, al final me parece que resulta en un acercamiento erróneo de generar conciencia e involucrar a los ciudadanos.

Sólo espero que el millón de pesos de inversión para los 10 mil silbatos no sean en balde, ya que para adquirirlo hay que registrarse en Alerta social para pedirlo, lo cuál puede ser un inconveniente para algunas, pero yo los insto de cualquier forma, hombres y mujeres, regístrense, soliciten su silbato, agotemos los 10,000 silbatos, demostremos que aunque inconformes con las medidas que está tomando el gobierno, estamos dispuestos a trabajar con la autoridad, demostremos que se necesitan más que 10,000 silbatos para detener el acoso y la violencia, pero estamos dispuestos a participar y a colaborar y dejemos de estar en contra de la autoridad para acabar con la violencia juntos.

Mis otras personalidades dicen:


  • Alejandro Córdova Castañeda, asesor en salud mental de la Secretaria de Salud de la CDMX, dice que la mayoría de los agresores sufren de Trastorno disocial de la personalidad, conocida como sociopática o antisocial, mientras que esto no los exime de la falta, si me parece importante que la autoridad tome en cuenta quiénes son los que tienen este comportamiento para aprender también a prevenir.
  • Los silbatos rosa son para mujeres, no, los negros, los rosa son para los hombres… Ese no es el tema, concéntrense.
  • Los jefes de gobierno (Alcaldes) deben dejar de pensar en la grande y enfocarse en gobernar, hay una iniciativa para hacer que un puesto te prive del otro, habría que ponerle más atención.



*El autor quiere aclarar que la expresión refiere al hecho de que teniendo los medios para hacerse ver y escuchar confiere seguridad.

jueves, 26 de mayo de 2016

HOLD THE DOOR.

Los Spoilers no existen, son los papás.

Hodor ha muerto, listo, nos hemos quitado eso del medio.

En 1981 en un puente elevado de una nave espacial, escuchamos las fatídicas palabras “Luke, I am your father” y nos sorprendió, en 1995 Mel Gibson gritó “Freedom” cuando todos pedíamos silenciosamente que terminara su sufrimiento y nos conmovimos a las lágrimas, pero lo que nos hizo George R.R. Martín el domingo pasado tiene un sentido más oscuro, más funesto, más genial.

No hay nada más fatídico que el destino, el hombre sufre ante la impotencia y no hay una peor que la de saber lo está por suceder y no poder hacer nada para evitarlo, ese fue el regalo envenenado que nos dio Martín, una tragedia griega en medio de aquella fantasía medieval, eso y convertir a Bran en oráculo y verdugo de la sentencia funesta.

Hay reglas que simplemente no podemos romper, verdades tan antiguas y enraízadas en nuestro paradigma que nos es imposible desprendernos de ellas, las callamos o las mencionamos como producto de la fantasía literaria de otras mentes, pero en lo más profundo de nuestro corazón lo sabemos, hay cosas que no se pueden hacer sin pagar las consecuencias, así que no es de sorprender que los viajes a través del tiempo de Bran tuvieran consecuencias de tragedia griega. Lo vimos decir “Padre” y a Ned Stark voltear en su busca, al pie del árbol corazón en Winterfell, también al White Walker tocarlo, así que al ver al joven Willis mirando a Bran mientras era dominado por este en su versión presente el corazón de todos se rompió y se repitieron plegarias para evitar lo inevitable, kilos de sal fueron lanzados por encima del hombro esperando combatir los malos augurios, los rosarios salieron de los pliegues de las ropas de los piadosos y las señas contra el mal de ojo estuvieron mejor sincronizadas que cualquier flashmob que hayamos visto y aún así Hodor murió.

Condenado a través de todas y cada una de las temporadas, lo hemos escuchado decir sus últimas palabras una y otra y otra vez, aquel que desde el inicio ha estado muriendo siempre, repitiendo su condena, su tarea épica con la que libera al héroe para que salve al mundo, no fuera a olvidar que debe sostener esa puerta, único propósito de su existencia, no se quejen muchachos, el fin que se le da al leal Hodor, no lo tiene ni Obama.

Pero chascarrillo aparte, ya que funcionó como mecanismo de defensa para evitar que derramara una lágrima sobre el teclado de la máquina, Hodor pasa a la historia con una de las mejores frases de la historia de las series, una frase llena de complicidad, pues “Hold The Door” (Detén la puerta) es únicamente una cuestión de consideración en el mundo real.

Aún puedo verlo, el gigante que padece daño cerebral, causado por el propio niño que es su adoración y a quién protege con su vida, con su débil mente repitiendo una vez tras otra, “detén la puerta”, “detén la puerta” tienes que detener la puerta para que el niño viva, eso es lo único que importa, tienes que estar vivo para detener esa puerta, no puedes olvidarlo, ahora Hodor se ha sumado a la lista de súbditos leales que han dado su vida por el “Heredero legitimo de Winterfell” (No olvidemos que sí, él es quién está en la línea de sucesión) así que sólo tengo un mensaje para Brandon Stark: 

“Winter is coming” and you´ve also lost Summer.

MIS OTRAS PERSONALIDADES DICEN:
  • ¡Estúpida! mi Hodor, idiota.
  • Ya a estás alturas debería sorprenderles que haya tantos personajes vivos.
  • A ver a qué pinche hora sale "Winds Of Winter".

viernes, 15 de abril de 2016

EL DÍA QUE “CASI” MATÉ AL GATO.

Otra vez se fue la señal de internet, y no puedo si no maldecir a todas voces a Bastet y sus vástagos, ya que en mi furia decido que es su culpa que el gato que vive en el piso superior mastique las antenas del módem arruinando la señal.

No es cómo si no hubiera nada que hacer, sólo que no es nada que este en mi poder inmediato, ambos pisos de la casa se encuentran divididos por una puerta, en la parte de arriba mi roomie tiene sus aposentos, yo duermo en el piso de abajo. El gato como podrán adivinar es de ellos y siempre ha disfrutado el tenderse sobre el calor que emite el dispositivo que nos abastece de Wi-Fi, y en su sopor erótico mastica las antenas.

No recuerdo las medidas que se han utilizado para prevenir esto, pero no han sido suficientes, construir una jaula dentro de la cual preservar la caja mágica (A partir de este punto usaré una serie de figuras literarias para evitar repetir el nombre del dispositivo) podría parecer excesivo, pero por poco, ya que ambos usamos internet para trabajar, pero es en mi corazón donde repito a cada momento, no vale la pena preservar la vida de un aparato que desfallecerá en cualquier momento.

Reemplazarlo se ha convertido en materia de debate, ya que el precio es exorbitante (Ni siquiera recuerdo cuanto, pero en mis difusos recuerdos, el eco de la palabra exorbitante perdura) pero tampoco podemos continuar así ya que de un momento a otro podemos encontrar que nos hemos quedado sin internet para siempre y ese reemplazo del CCI (Centro de control de la información) se volverá urgente.

Desde hace semanas nos hemos acostumbrado a una señal de pésima calidad que vuelve irrelevante la velocidad que adquirimos en promoción; al suscribirnos “Con tarjeta de crédito de los bancos participantes y llevando el contrato de nuestro servicio anterior”; Denme un tono de fax y son los 90´s otra vez.

Se llama a la acción, en este momento lo único que se me ocurre es matar al gato, honestamente, tiene cinco. Es una boca menos que alimentar; si le quitamos su mordedera pronto encontrará una nueva, bien podría ser su flamante pantalla de 99”, eso no le gustaría y el gato moriría de cualquier manera, pero la pantalla ya estaría arruinada, si lo mato yo ahora nos evitamos esa pena… Sí, el gato debe morir.

Lo cuál también representa un problema, la puerta que divide ambas plantas está cerrada y el sopor embarga a los habitantes de arriba, no puedo despertarlos para que me dejen pasar a asesinar a su gato, no me dejarían, así que me asomo a las ventanas, encuentro una ventana abierta en el piso de arriba, podría escalar vestido de negro, amparado por la oscuridad, deslizarme suavemente hacia el gato acostado sobre nuestra provisión de Bytes incorpóreos… Estirar mis manos hacia él… Y de un movimiento rápido…


Antes de cometer una barbaridad reinicio la computadora y el icono de Internet parpadea, estoy conectado nuevamente, el gato ha salvado su vida y yo mañana empezaré a construir una reja para proteger la máquina esa que me incita a matar.

martes, 12 de abril de 2016

CERVEZA DE MUJER

En 1992, Al Pacino se llevó un Oscar por una película que quiénes saben, dicen es la peor de su carrera, y tal vez tengan razón pues a pesar de que recuerdo con afecto la escena en la que baila con una bella joven al son de “Por una Cabeza”; un tango delicioso que ya quisiera yo poder bailar como él; no recuerdo mucho más, ni siquiera que tiene que ver el título en la trama. “Scent of a Woman” fue traducido en castellano a “Perfume de mujer” y a pesar de ser una figura poética bastante mona, también es motivo de escándalo cuando se toma desde un punto de vista literal, pues para empezar: ¿El aroma de qué mujer estamos hablando? y ya definida “La susodicha”, ¿hablamos del aroma de su sudor agrio después de una sesión de Viking Goliat Spartan Race Power*?, ¿el aroma de sus pies?, ¿el aroma de su sexo? ¡Escándalo! Nadie se refiere a eso, hasta que sí se refieren a eso.

Todo esto tiene sentido al explicar el tema a discusión, “The Order of Yoni” es un proyecto de crowd funding sobre una nueva cerveza sabor a “Vagina” y aquí sí tenemos respuesta al preguntar ¿La vagina de quién? pues resulta que ese novedoso sabor proviene de la modelo checa Alexandra Brendlova, lo cuál me ha hecho pensar qué solos estamos rodeados de tanta gente, por que no se me ocurre otro motivo para envasar el sabor del sexo de una mujer y ponerlo en una cerveza. Pero dejemos el prejuicio a un lado, no sin antes señalar el hecho de que esto debería causar una revolución ya que fácilmente podemos vincular la producción de este producto con la “Cosificación” de la mujer y no diré nada más.

(Vulva Original el “aroma vaginal” envasado ya se comercializa desde hace un tiempo)
Antes de otra cosa, lo primero que debemos hacer es dejar de reír, respirar profundamente y preguntarnos con seriedad ¿Bebería yo esa cerveza? La primer respuesta que surge de mis labios es “no”, después de unos segundos de silencio un trabajoso “sí” se esfuerza por salir, acompañado de un “por curiosidad”, “para que no me cuenten” y una serie de razones que lo único que demuestran es que soy un morboso y a pesar de que la idea me repugna, seguramente no pasaría de la oportunidad únicamente por experiencia. Y quién sabe, tal vez después de probarla por fin sea capaz de cantar bajo contexto y con sentido esa bella canción de la nunca bella Lyn May, que es el epítome de la vulgaridad, la perversión y el gusto excéntrico.

“A mi me gusta lo que te disgusta,
A mi me gusta lo que a ti te asusta…” 

También me gustaría poder contestar: ¿Quién bebería esa cerveza? Y no de forma experimental como un servidor (al momento de publicar esta entrada aún me debato sobre el probarla), si no quién sería el cliente cotidiano de este producto, comercializarla no puede ser sencillo, me cuesta trabajo imaginar a cualquiera de mis amigos bebedores llegando al Oxxo a comprar un 12 pack de cerveza de vagina para la fiesta. Hay gente incapaz de comprar toallas sanitarias en un supermercado, los hay incluso que le roban los condones a sus amigos al ser incapaces de sobreponerse a la vergüenza de comprarlos, ya quisiera verlos pidiendo una cerveza de vagina en la barra de algún bar. Según reza la nota, existe la opción de personalizar la cerveza con el sabor de cierta joven, aunque no veo a muchas mujeres llevando a cabo cualquiera que sea el proceso para saborizar una cerveza para su pareja, tal vez como regalo de 14 de febrero a alguien pueda parecerle gracioso, después de sobrellevar el impacto inicial.

Probablemente en un table pueda ser un éxito, ya que ahí todos saben a que van, pero sería más en calidad de cata, ves una chica que te agrada y pides la cerveza de su sabor y si este te complace… Debo frenar ahí mi tren de pensamiento ya que no parece dirigirse a buen puerto.

Desde que salió la nota, todos los varones con los que me he cruzado han contestado la pregunta con un “deme dos”, en un cariz humorístico, pues al pasar la nube de risa que resulta de lo ridículo de la consideración, todos han coincidido que no lo harían, los más aventurados, después de considerar diferentes escenarios y situaciones han dejado abierta la posibilidad de probarla bajo el manto de la curiosidad.

Hay muchos puntos que podemos abordar a partir de esta nota, pero no lo dignifiquemos más de lo que es, la ocurrencia de un individuo que comercializa con productos sexuales y con el que muchos miembros de la industria de las muñecas eróticas deberían estarse poniendo en contacto ahora mismo.

*El autor nunca en la vida ha hecho una rutina de ejercicios y le gustó como se leía así que lo dejo en lugar de reemplazarlo durante la revisión y corrección.


Mis otras personalidades dicen:

  • Consuelo de tontos: En el proyecto hay cultura pues “Yoni” es sanscrito para vagina. 
  • No me parece que esto fuera lo que tenía en mente Agustín Lara al escribir “Sabor a Mi”
  • Aguas muchachos, ¿Cerveza de vagina? Si eso no es “Toloache” entonces no sé que es.

domingo, 21 de febrero de 2016

Obsesión.

La hoja blanca frente a ti, no hay mayor emoción, mayor temor, mayor reto, una hoja blanca, impoluta, estéril en apariencia, está ahí… Esperando ser llenada, con palabras, con dibujos, no importa.

La hoja blanca no tiene un sentido, puede quedarse así por siempre, pero te perturba, tan blanca, tan limpia, pones tu mano por encima de ella, sin tocarla y todas las imperfecciones de ella salen a la luz contra la pureza de esa hoja blanca y te estremeces.

Volteas a ver tu cuerpo, tu ropa, llena de colores, un tejido complejo, líneas y puntos en tu piel, marcas imborrables y de pronto te sientes viejo, arrugado y demacrado, en comparación a aquella hoja de papel, lisa, blanca, inocente. Tus pecados y crímenes pasan por tu mente, sí, crímenes, pues en comparación con la hoja frente a ti, todo lo que has hecho, todo lo que has pensado es detestable, es terrorífico, es asqueroso. Miras la pluma descansando a un lado de la hoja y por primera vez aparece aquel devastador impulso, tomar la pluma y trazar una línea sobre el papel, pero de que serviría, sólo sería un crimen más, una línea trazada sin sentido sólo para ponerle fin a la blancura de la hoja.

Puedes arrugar la hoja, cortarla, pero seguiría siendo blanca como la leche… No, la leche tiene cuerpo, tiene sentido, el blanco de la hoja es antinatural, o tal vez… Tal vez no.

Puedes quemar la hoja, puedes tirarla lejos, puedes levantarte de tu lugar y alejarte de ella, paso a paso, sin mirar atrás nunca más, pero ya has visto esa hoja, has visto esa pureza y sin importar a donde voltees, sin importar en que estés pensando, siempre aparecerá en tu memoria el recuerdo de aquel recuadro blanco, tan blanco…

Tomas la pluma entre tus manos y la haces girar lentamente, la tentación crece, pero sabes que el crimen sería horrendo, trazar una línea blanca sobre la hoja, estar tan asqueado de ti mismo, tenerle tanta envidia a la hoja para estar dispuesto a mancharla sólo para hacerte sentir mejor. Miras alrededor para asegurarte que nadie te está viendo y el corazón late dentro de tu cabeza, los pequeños ruidos de ambiente se hacen cada vez más fuertes, mientras los bongoes resuenan en tu cabeza y poco a poco empiezan a llenarla, hasta que no puedes escuchar nada más. Te levantas e intentas gritar… No, gritas pero los tambores suenan más fuerte aún y acallan tu grito, cuando la nota llega lo más alto, alcanzas a escuchar tu voz, sólo un murmullo entre los tambores, pero es tan familiar que la reconoces de inmediato, esa voz cargada de matices y miras la hoja una vez más, simple, clara, tan blanca y debes contener las arcadas de asco ante tu propia voz. Sales corriendo sin llegar muy lejos y fumas un cigarrillo en la acera, moviendo la pierna de arriba abajo en un vano intento por distraerte, por engañarte con actividad, algo que te distraiga de lo que habita en tu mente, la hoja.

Millones de pensamientos cruzan tu mente, no sabes que harás cuando regreses, pero debes hacerlo ya, no puedes dejar de pensar en ella y tampoco puedes abandonar tu hogar por una hoja, eso es de locos, estabas exagerando, seguramente cuando regreses y veas la hoja ya no tendrá importancia y podrás continuar con tu vida, sin importar que esa hoja siga ahí, tan limpia. Regresas y pretendes ignorar la mesa, seguir de frente a tu habitación y encender el televisor, pero algo de pronto te hace voltear, la hoja ha desaparecido, tu corazón se siente extrañamente aliviado y decides seguir avanzando ya más tranquilo, pero el corazón es necio, el corazón necesita pruebas, así que caminas hacia la mesa y ahí está. El pecho te da un vuelco y tu cabeza da vueltas, no puedes entenderlo, hasta hace un segundo la hoja ya no estaba ahí, sin darte cuenta cómo, ni cuando, estás sentado frente a ella una vez más, quieres gritar, preguntarle por qué está ahí, por qué te tortura, pero no lo haces, sabes que las hojas no hablan y no quieres pasar un ridículo, no frente a la hoja…

La pluma sigue ahí, destapada, no recuerdas haber llegado a hacerlo, pero eso no importa, tomas la pluma una vez más y pareciera que sostienes un arma, la hoja de pronto se vuelve un enemigo más, pero eso es imposible, la hoja es tan blanca… No puede tener malas intenciones, la hoja no oculta nada. Con delicadeza la levantas para darte cuenta que en verdad no oculta nada bajo ella, es blanca, es lo que es y nada más; la sueltas con repulsión y miras tus dedos, siguen igual, la hoja no puede desaparecer ese color, esas líneas, entrelazas tus manos y acaricias tus dedos, mientras te das cuenta de todo lo que tú escondes, no solamente en tu alma, sino también bajo la piel; miras la hoja con temor, pero el contacto no la ha llegado a manchar, la hoja sigue tan blanca, tan blanca… Tomas la pluma entre tus manos...

Un punto negro cae sobre la hoja, quien la absorbe de inmediato, tu respiración se paraliza, dejas de parpadear, el tiempo se ralentiza, puedes ver el punto negro crecer, expandirse. Y a la hoja blanca absorbiéndolo con el deseo de quien está vacío. Una lágrima se asoma al exterior, la mano tiembla incontrolable, el deseo de arrebatarle su pureza a la hoja crece, si ya tiene una mancha negra… Entonces con el pretexto de ya haberla dañado, encuentras la valentía que te faltaba y cruzas la hoja de lado a lado con con una línea; sin quererlo sueltas la pluma y apartas los ojos, mirando alrededor por si acaso alguien te ha visto cometer aquella injuria, pero no hay nadie ahí, sólo tú y una hoja blanca, tan blanca, a travesada por una línea negra y con un punto en una esquina, pero aún tan blanca, aún tan vacía… Te levantas sobre la hoja para mirar tu obra y el peso de tu pecho cae al estómago, vuelves a sentirte enfermo por lo que has hecho, pero ahora sabes que no puedes echarte para atrás, te agachas a recoger la herramienta de tu salvajismo, la pluma, y vuelves a tomar asiento. 

Quieres seguir, pero no sabes cómo, tal vez no seas tan villano después de todo, tal vez llegaste hasta donde podías llegar, pero la hoja sigue siendo tan blanca, incluso puedes verla sonreír, puedes escucharla pedirte que sigas, pero no sabes como y eso te enfurece. Empuñando la pluma una vez más, trazas tu nombre junto al punto, en la esquina superior, jugando con la idea de hacerla tuya, pero la hoja absorbe la tinta y desdibuja las letras, las modifica, las tergiversa. Tu nombre se desvanece para darle lugar a algo extraño que no alcanzas a leer. El pecho se te inflama de furia y dejas caer la pluma una y otra y otra vez, cada vez con más fuerza, cada vez con más velocidad, las lágrimas caen de tu rostro hacia la hoja y el esfuerzo de sostener tu arma mientras arremetes contra ella llena tus dedos de pústulas que se revientan dejando caer sangre sobre la hoja.

Tiempo después, mucho tiempo después, logras entrar en razón, está hecho un desastre, pero no todo, sólo la hoja, la hoja ya no es blanca y te cuesta trabajo creer que alguna vez lo fue, llena de líneas y puntos negros que bailan y se revuelven por toda su extensión, manchas de lágrimas, de sangre, incluso de saliva salpicadas a todo lo largo y ancho de la hoja. Te levantas una vez más para ver lo que has hecho, luego volteas alrededor, todo está bien, comparado con la hoja, lo que hay alrededor está bien, es bueno, no es blanco, ni impoluto, pero al menos no está tan corrupto como la hoja, sonríes para ti mismo con tranquilidad, la hoja está llena.

Eso, es escribir.